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¿Tienen todos los artistas referencias e inspiraciones o los «grandes» no las usan?
Seguramente los haya que se enorgullezcan de no tener «ni un solo» referente al igual que los haya que se vanaglorien de tener innumerables inspiraciones. Sea como fuere, a la hora de vender tu arte, el marketing es algo que entra inevitablemente en juego y el hecho de decir que tu obra «no está contaminada por referencias» o por lo contrario decir que «está enriquecida y vitaminada por innumerables referencias de todos los ámbitos» cobra un valor similar.
En mi opinión solo es necesario tener un mínimo de referencia e inspiración, lo extra es eso, extra y puede ser mejor o peor para tu obra. Tus inspiraciones o referencias no necesariamente deben ser de tu mismo ámbito artístico, es más, pienso que en algunos casos si solo se referencian o se toman inspiraciones del mismo nicho artístico puede convertirse la expresión artística en un tipo de expresión endogámica. Sin duda no es lo más común, pero pienso que sí lo más enriquecedor para un arte, el hecho de tomar inspiración como artista de un campo radicalmente distinto al tuyo, un sastre de la música, un escultor de la danza o un músico de la cocina. En mi experiencia, cada artista que ha marcado mi vida siempre ha extraído inspiración de un campo distinto al que ejerce.
También es importante conocer los orígenes y la historia del arte que estás intentando desarrollar, es algo que en ningún caso hay que dejar de lado ya que un mínimo de conocimiento siempre es necesario. No puedes crear ninguna receta básica ni rompedora sin saber que ciertos ingredientes no son comestibles y que ya hubo alguien que los documentó y que hizo ese trabajo minucioso, no hace falta que vayas probando de nuevo cada uno para potencialmente perderte en minucias y robar tiempo a tu creación o incluso envenenarte. Es importante usar los cimientos que pusieron nuestros antecesores para poder construir trabajos sólidos y sin fisuras en sus elementos estructurales. Esto no quita que de vez en cuando la experimentación pueda llegar a niveles fundamentales, no quita que de vez en cuando queramos jugar con los cimientos propios de nuestra expresión artística, pero eso debe ser la pizca de comino en el guiso, nadie come el bote entero de especia, ¿no?
Aunque si tomamos el principio de que nunca nada es nuevo, el hecho de tener profundo conocimiento de los artistas de tu ámbito y de todas las referencias relevantes puede llevarte a evitar el hecho de repetir trabajo ya hecho por otro artista. Las ideas espontáneas se repiten aun sin haber tomado contacto nunca con la obra «original» y teniendo esas referencias presentes puedes circunnavegarlas y llegar a sitios distintos.
No tengo claro si lo anterior es cierto o de lo contrario es mejor plasmar cada idea espontánea que te viene sin inspiración necesariamente proveniente de tu ámbito artístico, esperando que siempre salga algo novedoso confiando en las micro-particularidades de cada persona y en que la entropía hará que tu trabajo sea intrínseca y genuinamente distinto al del resto de artistas de tu campo.
No tener referencias puede ser más sencillo o más complicado, depende de cómo se mire. En el mundo en el que vivimos, no tener inputs visuales o auditivos se vuelve casi imposible, la publicidad es cada vez más invasiva, las redes sociales ponen cosas delante de tus ojos te guste o no, la música ya no es algo lo cual tengamos que pagar para consumir y el avance de las plataformas de streaming hacen cada vez más accesible la visualización de series y películas como pasatiempo trivial. Comemos, nos duchamos y hasta cagamos con vídeos de YouTube, música de tu «estación» de Spotify o con una serie y lo llamamos «ruido blanco». Quizás las referencias y la inspiración en cierto modo se nos está forzando en muchos casos.
Hay dos tipos de persona en este asunto, las personas que no se interesan empedernidamente en ningún tipo de arte y en sus minucias y las que sí. Las del primer tipo conocen al detalle cada ámbito del aspecto creativo de cada obra que consumen, el director, el compositor, la inspiración de ellos, el medio en el que se distribuyó su obra, la forma de ser del artista, el año o la época en la que encaja su obra, e incluso saben decir qué tipo de obra son susceptibles de entregar en el futuro. Después están los que no tienen interés por casi nada que esté muy producido, son artistas que viven la vida de forma contemplativa y toman referencias de asuntos más cotidianos, un atardecer, un amanecer, los detalles de la naturaleza, la panadería de la esquina, su familia, etc. En muchos aspectos, y para mí lo es, este puede ser considerado como el tipo más puro de lo que definiría a un artista, contemplación de lo mundano, introspección y obra original.
Dije que había 2 tipos pero pienso y no puedo dejar de meter un tercero, hay un artista que está en la mitad, no está en un extremo ni en el otro, puede encontrar equilibrio. Su interés puede centrarse en algo muy concreto o en un abanico muy extenso, pero siempre mantiene una cierta distancia con la obra y el artista de referencia para no caer en esa «pedantería» de conocer el nombre de pila de la madre del artista porque… bueno, es un reputado artista. Mira las cosas con distancia y se posiciona en el lugar más ventajoso para él mismo, toma de referencia cada pequeño snippet de la obra completa del artista referenciado que más pueda enriquecer la suya propia y continúa con su proceso propio.
En cualquier caso, tengas inspiraciones o referencias claras o no, te guste navegar más o menos en profundidad en tus artistas favoritos, plasmes más o menos tus referencias en tu obra, siempre habrá alguien que diga «eso ya lo hizo tal persona» o «muy bueno, pero estás copiando a X artista» aunque no hayas nunca tomado contacto con ese artista o su obra, y eso no necesariamente es malo para ti ni tampoco malicioso de parte de la persona que lo evidencia. Lo mismo va a pasar con esta publicación, siempre habrá alguien que haya leído a alguien que leyó a su vez a otro que ya haya expuesto una o varias de las ideas que yo expongo aquí.
En mi caso particular soy un artista de los del tercer tipo, mis referencias están presentes pero intento no profundizar en exceso, y dejo claro que ni de lejos soy ni una enciclopedia viviente ni un oráculo. Para comprobar el punto de que las ideas originales y espontáneas nunca son nuevas, todo esto lo he escrito desde mi ordenador desconectado de internet, en un parque, sin consultar fuentes ni inspiraciones. Seguramente muchas de mis ideas sean referenciables, si sabes referenciar algunas, házmelo saber.
Seguir repitiendo las palabras «chic», «avant-garde» o «pieza de archivo» no te hace tener gusto.
¿Conocer gran cantidad de palabras clave o con «clout» de una industria o arte determinados ya te hace, de hecho, un experto o solo te construye una fachada que te hace ver como una autoridad en el tema?
En ciertos ámbitos del arte, el hecho de tener acceso a la información se confunde con conocimiento real o criterio. Se puede tener acceso a buenas fuentes y por otra parte se pueden tener experiencias y tesis verificadas e información contrastada. Es importante tanto una como la otra, pero en mi opinión, el conocimiento o la sabiduría es algo que se demuestra haciendo, no diciendo; como se suele decir, el movimiento se demuestra andando.
Es relativamente sencillo repetir palabras como «Couture», «Avant-Garde», «Pieza de archivo», «Old money», «Vintage» o saber citar a Pierre Bourdieu, Cathy Horyn, Raf Simons o aspectos del trabajo de Rick Owens o Martin Margiela.
Tener sabiduría sobre un tema es mucho más que solo citar, nombrar o referenciar; eso lo puede hacer una computadora y no decimos que la computadora tiene sabiduría, solo decimos que puede almacenar conocimiento; la máquina no sabe, no conoce, solo repite cuando se le insta a ello. La diferencia de un erudito (o pseudoerudito de TikTok) con alguien que tiene conocimiento profundo es precisamente el hecho de haber podido contrastar todo lo que conoce en el mundo práctico. La phrónēsis, o sabiduría práctica, es lo que distancia al erudito que solo almacena y repite, del conocedor prudente que tiene maestría porque contrasta las tesis que escucha y que desarrolla.
Lo mismo pasa con el tan famoso y mencionado «gusto»; pareciera que actualmente tener gusto se define como encajar en una imagen preconcebida de lo que es una persona con gusto: «tienes gusto porque así se ven las personas con gusto»; es como la celebridad de revista del corazón, el que es famosa solo porque es famosa. Cada vez que veo a alguien mencionando que otra persona lo tiene, muy frecuentemente esta persona encaja de arriba abajo en ciertos cánones o patrones que se repiten en el mundo de la moda. Tener gusto va mucho más allá de verse de cierta forma; la persona con gusto es naturalmente un curador, sabe recopilar estilos, colores, siluetas, texturas, materiales y piezas concretas y sabe de forma acertada ponerlos en conjunto y hacer que funcionen. Esto va de la mano con lo anterior, ya que la persona con gusto normalmente es alguien que construyó su criterio aprendiendo, experimentando y haciendo; tiene sabiduría teórica y práctica.
La democratización de la moda de la mano de las grandes marcas de «fast fashion» ha llevado a una banalización de ciertos términos y de ciertos ámbitos de este arte. Ahora todo el mundo puede repetir los mismos términos «chic» del momento impulsados por las grandes campañas de marketing y también tener un armario lleno de prendas de las versiones «ready to wear» de cada casa de diseño prestigiosa o de cada artista independiente al que se le han simple y llanamente robado sus diseños para colgarlos en tiendas que los imprimen al millar por día.
El que mucha gente tenga acceso a algo a lo que antes solo tenían acceso unos pocos no es algo malo de forma intrínseca, no quiero que se me malinterprete. El problema viene cuando esto se hace de forma maliciosa y puramente interesada por parte de los jugadores poderosos de la industria. Es un asunto parecido al dilema de la IA; como herramienta recopiladora de información es maravillosa; ¿el problema?, que si le pides algo más que solo escupir información, por ejemplo una imagen, por diseño plagia y roba para poderla «generar». Entonces, ¿está democratizada la moda porque yo, que gano el salario mínimo, puedo ponerme unas copias de los Tabi de Margiela de H&M?, ¿o es que el poder ha cambiado de manos de los diseñadores a las de los grandes conglomerados?
En definitiva, a mi modo de ver no basta para otorgarte criterio con repetir como una computadora una palabra o concepto concreto que le has escuchado a tu influencer o autor favorito. Es necesario conocer qué tipo de costura, qué hilo o materiales, con qué estilo de maquinaria se trabajaba, qué clase social la usaba y qué origen tuvo la palabra para poder decir que una prenda es «old money» y poder esgrimir el concepto con contundencia y conocimiento real.