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Issue #1 - Referentes, ¿Si o no? - (10 Sept 2026)

¿Tienen todos los artistas referencias e inspiraciones o los «grandes» no las usan?

Seguramente los haya que se enorgullezcan de no tener «ni un solo» referente al igual que los haya que se vanaglorien de tener innumerables inspiraciones. Sea como fuere, a la hora de vender tu arte, el marketing es algo que entra inevitablemente en juego y el hecho de decir que tu obra «no está contaminada por referencias» o por lo contrario decir que «está enriquecida y vitaminada por innumerables referencias de todos los ámbitos» cobra un valor similar.

En mi opinión solo es necesario tener un mínimo de referencia e inspiración, lo extra es eso, extra y puede ser mejor o peor para tu obra. Tus inspiraciones o referencias no necesariamente deben ser de tu mismo ámbito artístico, es más, pienso que en algunos casos si solo se referencian o se toman inspiraciones del mismo nicho artístico puede convertirse la expresión artística en un tipo de expresión endogámica. Sin duda no es lo más común, pero pienso que sí lo más enriquecedor para un arte, el hecho de tomar inspiración como artista de un campo radicalmente distinto al tuyo, un sastre de la música, un escultor de la danza o un músico de la cocina. En mi experiencia, cada artista que ha marcado mi vida siempre ha extraído inspiración de un campo distinto al que ejerce.

También es importante conocer los orígenes y la historia del arte que estás intentando desarrollar, es algo que en ningún caso hay que dejar de lado ya que un mínimo de conocimiento siempre es necesario. No puedes crear ninguna receta básica ni rompedora sin saber que ciertos ingredientes no son comestibles y que ya hubo alguien que los documentó y que hizo ese trabajo minucioso, no hace falta que vayas probando de nuevo cada uno para potencialmente perderte en minucias y robar tiempo a tu creación o incluso envenenarte. Es importante usar los cimientos que pusieron nuestros antecesores para poder construir trabajos sólidos y sin fisuras en sus elementos estructurales. Esto no quita que de vez en cuando la experimentación pueda llegar a niveles fundamentales, no quita que de vez en cuando queramos jugar con los cimientos propios de nuestra expresión artística, pero eso debe ser la pizca de comino en el guiso, nadie come el bote entero de especia, ¿no?

Aunque si tomamos el principio de que nunca nada es nuevo, el hecho de tener profundo conocimiento de los artistas de tu ámbito y de todas las referencias relevantes puede llevarte a evitar el hecho de repetir trabajo ya hecho por otro artista. Las ideas espontáneas se repiten aun sin haber tomado contacto nunca con la obra «original» y teniendo esas referencias presentes puedes circunnavegarlas y llegar a sitios distintos.

No tengo claro si lo anterior es cierto o de lo contrario es mejor plasmar cada idea espontánea que te viene sin inspiración necesariamente proveniente de tu ámbito artístico, esperando que siempre salga algo novedoso confiando en las micro-particularidades de cada persona y en que la entropía hará que tu trabajo sea intrínseca y genuinamente distinto al del resto de artistas de tu campo.

No tener referencias puede ser más sencillo o más complicado, depende de cómo se mire. En el mundo en el que vivimos, no tener inputs visuales o auditivos se vuelve casi imposible, la publicidad es cada vez más invasiva, las redes sociales ponen cosas delante de tus ojos te guste o no, la música ya no es algo lo cual tengamos que pagar para consumir y el avance de las plataformas de streaming hacen cada vez más accesible la visualización de series y películas como pasatiempo trivial. Comemos, nos duchamos y hasta cagamos con vídeos de YouTube, música de tu «estación» de Spotify o con una serie y lo llamamos «ruido blanco». Quizás las referencias y la inspiración en cierto modo se nos está forzando en muchos casos.

Hay dos tipos de persona en este asunto, las personas que no se interesan empedernidamente en ningún tipo de arte y en sus minucias y las que sí. Las del primer tipo conocen al detalle cada ámbito del aspecto creativo de cada obra que consumen, el director, el compositor, la inspiración de ellos, el medio en el que se distribuyó su obra, la forma de ser del artista, el año o la época en la que encaja su obra, e incluso saben decir qué tipo de obra son susceptibles de entregar en el futuro. Después están los que no tienen interés por casi nada que esté muy producido, son artistas que viven la vida de forma contemplativa y toman referencias de asuntos más cotidianos, un atardecer, un amanecer, los detalles de la naturaleza, la panadería de la esquina, su familia, etc. En muchos aspectos, y para mí lo es, este puede ser considerado como el tipo más puro de lo que definiría a un artista, contemplación de lo mundano, introspección y obra original.

Dije que había 2 tipos pero pienso y no puedo dejar de meter un tercero, hay un artista que está en la mitad, no está en un extremo ni en el otro, puede encontrar equilibrio. Su interés puede centrarse en algo muy concreto o en un abanico muy extenso, pero siempre mantiene una cierta distancia con la obra y el artista de referencia para no caer en esa «pedantería» de conocer el nombre de pila de la madre del artista porque… bueno, es un reputado artista. Mira las cosas con distancia y se posiciona en el lugar más ventajoso para él mismo, toma de referencia cada pequeño snippet de la obra completa del artista referenciado que más pueda enriquecer la suya propia y continúa con su proceso propio.

En cualquier caso, tengas inspiraciones o referencias claras o no, te guste navegar más o menos en profundidad en tus artistas favoritos, plasmes más o menos tus referencias en tu obra, siempre habrá alguien que diga «eso ya lo hizo tal persona» o «muy bueno, pero estás copiando a X artista» aunque no hayas nunca tomado contacto con ese artista o su obra, y eso no necesariamente es malo para ti ni tampoco malicioso de parte de la persona que lo evidencia. Lo mismo va a pasar con esta publicación, siempre habrá alguien que haya leído a alguien que leyó a su vez a otro que ya haya expuesto una o varias de las ideas que yo expongo aquí.

En mi caso particular soy un artista de los del tercer tipo, mis referencias están presentes pero intento no profundizar en exceso, y dejo claro que ni de lejos soy ni una enciclopedia viviente ni un oráculo. Para comprobar el punto de que las ideas originales y espontáneas nunca son nuevas, todo esto lo he escrito desde mi ordenador desconectado de internet, en un parque, sin consultar fuentes ni inspiraciones. Seguramente muchas de mis ideas sean referenciables, si sabes referenciar algunas, házmelo saber.

Sandro Sousa - Instagram

Seguir repitiendo las palabras «chic», «avant-garde» o «pieza de archivo» no te hace tener gusto.

¿Conocer gran cantidad de palabras clave o con «clout» de una industria o arte determinados ya te hace, de hecho, un experto o solo te construye una fachada que te hace ver como una autoridad en el tema?

En ciertos ámbitos del arte, el hecho de tener acceso a la información se confunde con conocimiento real o criterio. Se puede tener acceso a buenas fuentes y por otra parte se pueden tener experiencias y tesis verificadas e información contrastada. Es importante tanto una como la otra, pero en mi opinión, el conocimiento o la sabiduría es algo que se demuestra haciendo, no diciendo; como se suele decir, el movimiento se demuestra andando.

Es relativamente sencillo repetir palabras como «Couture», «Avant-Garde», «Pieza de archivo», «Old money», «Vintage» o saber citar a Pierre Bourdieu, Cathy Horyn, Raf Simons o aspectos del trabajo de Rick Owens o Martin Margiela.

Tener sabiduría sobre un tema es mucho más que solo citar, nombrar o referenciar; eso lo puede hacer una computadora y no decimos que la computadora tiene sabiduría, solo decimos que puede almacenar conocimiento; la máquina no sabe, no conoce, solo repite cuando se le insta a ello. La diferencia de un erudito (o pseudoerudito de TikTok) con alguien que tiene conocimiento profundo es precisamente el hecho de haber podido contrastar todo lo que conoce en el mundo práctico.  La phrónēsis, o sabiduría práctica, es lo que distancia al erudito que solo almacena y repite, del conocedor prudente que tiene maestría porque contrasta las tesis que escucha y que desarrolla.

Lo mismo pasa con el tan famoso y mencionado «gusto»; pareciera que actualmente tener gusto se define como encajar en una imagen preconcebida de lo que es una persona con gusto: «tienes gusto porque así se ven las personas con gusto»; es como la celebridad de revista del corazón, el que es famosa solo porque es famosa. Cada vez que veo a alguien mencionando que otra persona lo tiene, muy frecuentemente esta persona encaja de arriba abajo en ciertos cánones o patrones que se repiten en el mundo de la moda. Tener gusto va mucho más allá de verse de cierta forma; la persona con gusto es naturalmente un curador, sabe recopilar estilos, colores, siluetas, texturas, materiales y piezas concretas y sabe de forma acertada ponerlos en conjunto y hacer que funcionen. Esto va de la mano con lo anterior, ya que la persona con gusto normalmente es alguien que construyó su criterio aprendiendo, experimentando y haciendo; tiene sabiduría teórica y práctica.

La democratización de la moda de la mano de las grandes marcas de «fast fashion» ha llevado a una banalización de ciertos términos y de ciertos ámbitos de este arte. Ahora todo el mundo puede repetir los mismos términos «chic» del momento impulsados por las grandes campañas de marketing y también tener un armario lleno de prendas de las versiones «ready to wear» de cada casa de diseño prestigiosa o de cada artista independiente al que se le han simple y llanamente robado sus diseños para colgarlos en tiendas que los imprimen al millar por día.

El que mucha gente tenga acceso a algo a lo que antes solo tenían acceso unos pocos no es algo malo de forma intrínseca, no quiero que se me malinterprete. El problema viene cuando esto se hace de forma maliciosa y puramente interesada por parte de los jugadores poderosos de la industria. Es un asunto parecido al dilema de la IA; como herramienta recopiladora de información es maravillosa; ¿el problema?, que si le pides algo más que solo escupir información, por ejemplo una imagen, por diseño plagia y roba para poderla «generar». Entonces, ¿está democratizada la moda porque yo, que gano el salario mínimo, puedo ponerme unas copias de los Tabi de Margiela de H&M?, ¿o es que el poder ha cambiado de manos de los diseñadores a las de los grandes conglomerados?

En definitiva, a mi modo de ver no basta para otorgarte criterio con repetir como una computadora una palabra o concepto concreto que le has escuchado a tu influencer o autor favorito. Es necesario conocer qué tipo de costura, qué hilo o materiales, con qué estilo de maquinaria se trabajaba, qué clase social la usaba y qué origen tuvo la palabra para poder decir que una prenda es «old money» y poder esgrimir el concepto con contundencia y conocimiento real.

Sandro Sousa - Instagram

Ahora todo es «slow fashion», ¿te la están colando con el «quiet luxury»?

¿Qué diferencia a una camiseta de 5 € de algodón hecha en Bangladesh, de una de 300 € de algodón hecha en Pakistán? Llevan años intentando explicarnos que el lujo en la moda no es el tiempo que se le invierte a la fabricación de una pieza o la calidad de sus materiales, sino un logo grande y reconocible. El lujo no se puede imprimir, pero ¡shhh! ese secreto es lo que mantiene a los grandes conglomerados a flote y a ti pagando en exceso por algo que crees que te da estatus.

El slow fashion se fundamenta principalmente en la compra consciente, la intención de mantener la prenda cuanto más tiempo posible. El término «slow fashion» suena muy bien, pero antes de que nos diéramos cuenta de que la aceleración de la moda a todo coste, tanto humano como material, es algo malo, el «slow fashion» no era más que simplemente «Fashion». Era simplemente el modo en que funcionaba todo, la industria de la moda era predominantemente manual, el trabajo se realizaba mayoritariamente para una clase social acomodada ya que aún no se había democratizado el concepto de la moda. El lujo estaba relacionado directamente con los materiales usados y el tiempo empleado por el artesano o fabricante en la prenda, sobra decir que en la mayoría de casos y simplificando mucho las cosas, al año solo había dos de lo que hoy conocemos como «colecciones», una para la temporada fría y otra para la temporada cálida.

El lujo percibido hoy en día ha cambiado mucho desde aquellos tiempos, ahora el lujo usualmente está enlazado a un nombre, a un logotipo o a una escasez artificial. Hemos pasado de valorar una prenda o un accesorio por su calidad de construcción y materiales y por el tiempo que llevaba a unas manos fabricarlos a valorar simplemente un dibujo o el nombre en una etiqueta sin importar en lo más mínimo la calidad de construcción y que en 3 lavados la camiseta de 300 euros no diste en lo más mínimo de una de Primark.

Pero ¿puede de verdad la moda ser lenta como nos hacen creer algunas marcas?, ¿De verdad es posible volver a hacer las cosas como antes y volver a valorar lo que se valoraba? En mi opinión, sí, es posible. Es posible sacar 2 colecciones al año, o colecciones puntuales de eventos concretos, o para clientes concretos. Es posible incluso lanzar prendas o complementos sueltos ignorando completamente el concepto de «colección desechable» que hoy en día conocemos, como marca, es posible. Distinto es como consumidor, creo que será muy difícil o casi imposible borrar los años de lavado mental por parte de las grandes casas que hoy toman el control de la moda, así como la lujuria consumista del mundo en el que vivimos.

Pensémoslo bien, ¿cuántos casos de verdadero escándalo como el derrumbe en 2013 del edificio Rana Plaza en Bangladesh conocemos no solo los que estamos metidos en este mundillo sino el público en general? Todos sabemos que el mundo de la moda está podrido si hablamos de producción en masa, todos sabemos que la democratización de la moda trajo consigo una destrucción del medio ambiente y de la calidad de vida del sitio donde se fabrican las prendas que permiten esta democratización. Que tú puedas comprar una camiseta por 3 o 5 € es raro, es sospechoso, y eso lo saben la mayoría de consumidores, aunque lo ignoran porque al ciudadano de clase baja occidental promedio no le queda otra alternativa y al ciudadano promedio de los países productores empobrecidos tampoco.

Distinto es el mundo del lujo, prostituido a corriente de grandes conglomerados y arrastrado por el fast fashion a tener que ofrecer cada vez más margen de beneficio pero queriéndose ofrecer a bolsillos vacíos tanto como aún a bolsillos pudientes. Ha hecho que se desvirtúe hasta un punto que la gente ahora se pregunte «qué es realmente el lujo». El consumidor endémico de «lujo» no se ha olvidado de lo que es, puede haberse confundido con las nuevas tendencias y los nuevos jugadores que han entrado al campo, pero puedo asegurar que, a diferencia de este que escribe, quien está acostumbrado a vivir cómodo y conocer las mieles que el dinero compra, sabe que el lujo no es ni un logo, ni tampoco una apariencia, el lujo es tiempo, es calidad y es sobre todo tener comodidad y demostrar que puedes vivir con ella.

La separación entre pudientes y pobres ha existido siempre, las clases sociales separadas por cuánto dinero tienen van a acceder lógicamente a mercados distintos. Si hablamos de la moda, el que alguien que cobra lo mínimo lleve ropa hecha por gente aún más pobre que él no es algo nuevo. El campesino que lograba a duras penas sobrevivir con su cosecha tenía los zapatos, los pantalones o el sombrero que en sus tiempos libres eran capaz de confeccionar su vecino o su esposa a base de desechos como los sacos de grano, neumáticos o materiales abundantes como el esparto, quedándose lejos esto de constituir una forma de ingreso suficiente para el citado vecino. Ahora podemos comprar ropa equivalente en concepto a las que compraba el campesino pero que viajan mucho más lejos de lo que este hubiera podido siquiera concebir en su época.

Todo esto ha pintado una imagen bastante desvirtuada de lo que es el lujo y la moda, por lo que muchas marcas están intentando desmarcarse acuñando términos como «slow fashion», traducido, yo no exploto a mis trabajadores o «quiet luxury», traducido, ofrezco un producto sin un logo grande o sin gritar a la cara el nombre de una marca que puede o puede que no explote a sus trabajadores y ofrezca, o no, calidades mediocres. No quiero decir con esto que a todas las marcas o casas que adopten estas filosofías haya que meterlas en el mismo saco, en absoluto, los habemos que aún fabricamos, diseñamos y vendemos desde la misma habitación y con materiales y técnicas totalmente sostenibles. Lo que es cierto es que, como consumidor, hay que estar aún más atento si cabe dado que los grandes jugadores están dispuestos a adueñarse de estos términos para venderte esencialmente el mismo producto manchado de explotación y plástico barato con una etiqueta aún abultada pero que dice «slow fashion, hecho con amor».

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